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LA LECCIÓN DE RENÉ

El fútbol es un deporte que mueve millones de dólares y millones de seguidores. Un  jugador top se vuelve, con el tiempo, una especie de rock star.

Para muchos, seguro es un problema salir con la familia a comer algo porque las fotos no paran, porque los fans no descansan. Al principio, me decía alguna vez un futbolista profesional, eso es un sueño cumplido; luego se puede volver un dolor de cabeza. 

Un jugador se torna un personaje público. A muchos futbolistas los reconocen más que a cualquier político. Se vuelven “ejemplo para los más pequeños” y entonces les imprimen una carga social que en realidad deberíamos tener los padres de esos niños. 

Muchos entienden que esto es parte de su profesión, saben que, por jugar al fútbol, ganar sueldos mayores a los del promedio de los ciudadanos, por ser expuestos en los medios, este es “el precio que tienen que pagar”. Pero hay quienes pierden el rumbo, no entienden que es un tema circunstancial, no canalizan esa admiración que tienen los hinchas, aquellos que se ven superados por el ego y que exponen un sentimiento de superioridad que desaparece, obligatoriamente, con el retiro. 

Aquí dos historias para graficar lo expuesto. 

Cuando me iniciaba en el periodismo visitaba todos los complejos de los equipos de Quito. En una de las coberturas (no voy a decir dónde ni con quién) intenté entrevistar a uno de los jugadores más importantes del club. Era un volante que vistió la camiseta se la Selección, que era un ídolo en su equipo, él estaba todavía vigente y era para mí, seguro que para los hinchas también, importante escucharlo. Me acerqué, le pedí una entrevista. La respuesta fue seca: NO. Él siguió caminando, casi sin mirarme, al camerino. Al ver esto, un periodista de más experiencia me dijo “mejor no pierdas el tiempo, él siempre es así, incluso con los hinchas que llegan a verlo”. 

Unos años después, este jugador ya no era titular. Volví al mismo complejo, la escena cambió. El mismo personaje al que no le gustaba dar entrevistas ahora se quedaba conversando con los periodistas. Esperaba que alguien sacara su grabadora, hacía chistes. Pocos tenían interés en abordarlo. Muchos se alejaban porque recordaban cuál había sido su actitud tiempo atrás. Aquel jugador perdió ese fugaz momento de éxito y se quedó solo, al menos en ese espacio. 

Pero también hay otras historias, distintas, mejores. 

Recuerdo la llegada de René Higuita a S.D. Aucas. Era un ídolo en gran parte del mundo. En ese 2004 yo estudiaba y recuerdo que, la radio en la que trabajaba, me había designado ir a los entrenamientos del Ídolo del Pueblo todos los días después de clases. Y así era. 

Cada vez que había atención a la prensa yo estaba ahí.  Entrevisté a Higuita varias veces. Él generalmente daba declaraciones y cuando no lo hacía se disculpaba con quienes iban a las coberturas. Era de los que podía sentarse a conversar, varios minutos, de cosas que no necesariamente tenían que ver con el fútbol. 

Un día le pregunté sobre la fama y el éxito que le dio el fútbol, sobre lo molesto que debe ser el que no pueda caminar tranquilo por las calles por la cantidad de gente que lo aborda. Él fue muy claro: “Yo sé que eso va a pasar. Cuando salgo al cine, a comer o a cualquier otro sitio, calculo al menos una hora más, así puedo tomarme todas las fotos que me pidan. A veces uno no está de humor y no es fácil, pero yo estoy muy agradecido con la gente”.  A René ser futbolista no lo martirizaba. Él sentía que era un privilegio estar donde estaba y trataba de disfrutarlo. 

Es así. Los futbolistas son personajes que tienen miles de seguidores. Tienen una profesión que muchos envidian. Hay quienes entienden que eso es un estado pasajero que no los hace más, ni menos que nadie. Hay quienes, en cambio, se pierden en el sonido de la fama. Entiendo que hay días malos, momentos en los que seguro no quieren ser abordados y en los que pueden existir malas reacciones, pero si eso es un patrón ya hay un problema.  Al final, quienes consiguen construir una gran carrera y se permiten responder a la admiración de sus hinchas son los que trascienden. 

DIEGO MELO